Después de un breve enfrentamiento en carretera (apenas les persigue una patrulla, plop), las chicas del cable junto a todas las reclusas en fuga llegan al fin a la estación de tren, desde donde se supone que partirán rumbo a Francia. El problema es que ahí también encuentran resistencia, la policía ha mandado a cerrar todas las vías para que nadie salga. Es entonces cuando Francisco se hincha el pecho y por primera vez en los últimos diez capítulos hace algo que no sea conducir o abrir su billetera, va a buscar al que controla las vías y a punta de pistola le obliga a despejar el camino.
El tren al fin se pone en marcha. Francisco sale corriendo para alcanzarlo, mientras atrás de él comienzan a llover las balas. Lidia le extiende la mano y por un momento tiene un flashback: Su historia de amor comenzó en un tren ¿Será que también terminará ahí? Francisco corre como Naruto, alcanza el vagón, le da un beso a su esposa mientras todavía llueven balas y por un momento, todo parece ir bien. La victoria se siente en el ambiente.
Pero no dura mucho tiempo.
Poco después de arrancar los motores, el tren es detenido por... Tres policías.
¿Por qué no simplemente les pasan por encima? ¿Y donde están los demás policías del país? Que se han escapado un centenar de reclusas y no parecen muy interesados en atraparlas.
Pero bueno, como líderes de la rebelión, Lidia, Oscar, Carlota y Marga deciden bajar del tren para plantarle cara a la autoridad. Sí, Marga también, aunque su hijo de tan solo un día de nacido claramente la necesita para sobrevivir, pero lo importante es dejarle un mensaje al mundo, así que baja igual. Lidia dice "No nos vamos a rendir, queremos negociar". Y los policías, olvidándose de que tienen armas y de que en verdad no hay absolutamente nada que negociar, les llevan a una oficina que está al lado.
Ahí Lidia les entrega un cuaderno en donde escribió toda la historia de Las Chicas del Cable, diciendo que ese texto podría hacer tambalear el gobierno. Los policías se pasan el cuaderno y se ríen diciendo que eso no puede dañar a nadie. Entonces comienzan a toser. Porque sí, resulta que Lidia impregnó las hojas con una droga mágica que hace efecto al contacto y deja dormida a la gente. WHAT. ¿De donde salió eso? ¿Y qué pasaba si solo uno de los policías tocaba el cuaderno? ¿Por qué tosen si la droga se absorbe por los dedos y no por los pulmones? Bah, era el último episodio y el guionista se fue en yolo.
Pero bueno, se despejan las vías y a nadie se le ocurre esperar a que las chicas se suban antes de poner en marcha el tren de nuevo, así que ellas tienen que ir corriendo detrás de la máquina en tacones y sobre las piedras. Y OBVIAMENTE, no alcanzan a subirse. Oscar no está usando tacones, claro, pero parece que no le va mucho el cardio y se queda atrás de todas. Llegan más policías, al fin, y comienzan a disparar sin contemplaciones ni negociaciones, al fin también.
Las chicas y Oscar se ocultan en una caseta y en medio de los disparos comienzan a agradecer el haberse conocido. Toman unas pistolas que les robaron a los policías dormidos y salen de la caseta con la frente en alto, listas para dar batalla.
La pantalla se torna oscura.
De pronto vemos por un segundo a Francisco y la pequeña Eva caminando por una montaña junto a Pablo y las prófugas.
La pantalla vuelve a parpadear y de pronto estamos de nuevo en la central telefónica, donde Lidia, Marga, Ángeles y Carlota han vuelto a vestir los uniformes. Oscar también está ahí, elegantemente vestido, las supervisa.
Lidia nos mira y dice "Aquí comenzó nuestra historia y aquí termina, porque siempre fuimos y seremos Las Chicas del Cable".
Fin.
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Y bueno, tres años y 42 dos capítulos después, hemos llegado al final del viaje. Y vaya que ha sido un tobogán de emociones. Durante las tres primeras temporadas, la serie fue una clásica historia de amor con Lidia debatiéndose entre aceptar a Carlos o Francisco, pero luego, al llegar a la cuarta temporada todo el romance fue dejado como algo secundario para entregarnos una historia de lucha, resistencia e igualdad. A muchas personas no les gustó este giro, me consta, pero fue por ese cambio que Las Chicas del Cable dejó de ser una simple telenovela y se convirtió en algo más, con sus virtudes y sus fallos, pero algo más. Algo digno de recordar.
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