Después de atestiguar la muerte de la última hija que le quedaba, Doña Carmen se arrastra por la ciudad hasta llegar a casa de Lidia para pedirle que le ayude a encontrar venganza. Es así como se arma la alianza más inesperada: Lidia acepta ir ella misma a capturar al general Romero si a cambio la Doña le ayuda a liberar a todas las presas del campo.
Dicho y hecho, Lidia se disfraza de rubia y entra a un bar donde el general está apostando. Primero seduce a su guardaespaldas para llevarlo fuera y dejar que Francisco lo duerma con cloroformo. Luego le toca el turno a Pablo, quien es el único al que Romero no conoce en persona, se acerca al general fingiendo ser un apostador más, le pone un sedante en su bebida y listo, se lo lleva cargando como si estuviera borracho.
Doña Carmen recibe al secuestrado con agradecimiento y le entrega a Lidia lo acordado: Una orden falsa para llevar a las reclusas hacia otro campo. Luego se va enterrar al general. Vivo.
Llega la noche y Francisco, haciéndose pasar por camionero, ingresa a al campo mostrando la orden y comienza a subir a todas las presas al camión. Peeeero faltando poco para partir, una de las funcionarias de la prisión se da cuenta de que el traslado es en verdad es una fuga y da la voz de alarma.
En medio del apuro, Doña Carmen se acerca a Lidia y le entrega los títulos de propiedad de unas tierras, lo poco que le queda, como regalo para Eva. Lidia, sintiendo compasión por su ex suegra por primera vez, le pide que se suba al camión y se una a la fuga. Pero para la Doña no hay nada más allá, su familia, su linaje, lo eran todo para ella y ya no están. "Tengo ganas de volver a ver a mis hijos" dice y se pega un tiro en la cabeza.
Adiós, Doña Carmen.
Comentarios
Publicar un comentario
Comenta libremente y te responderé OuO/